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El cultivo de trigo y la siembra directa en la Región Central Norte

 

Siembra directa y trigo

El factor clave para alcanzar mejores resultados en la agricultura de secano es tratar de maximizar el uso del agua de lluvia por parte de los cultivos. Si tenemos en cuenta que el agua de lluvia debe infiltrarse en el perfil de suelo y luego ser absorbida por el sistema radicular para su utilización en el resto de la planta, surge la importancia de favorecer la mayor acumulación de agua y así tender a mantener una adecuada disponibilidad hídrica durante el mayor tiempo posible.

La acumulación de agua en el suelo no sólo depende de la capacidad de retención que es característica de cada tipo de suelo, sino también de la velocidad de infiltración del agua de lluvia debido al posible escurrimiento. La técnica de siembra directa tiene un impacto directo sobre la capacidad de infiltración del suelo, debido a que modifica favorablemente algunos factores que actúan sobre ella, como son la permanente cobertura con rastrojos y la acumulación de residuos orgánicos en los primeros centímetros de suelo. Un suelo cubierto está protegido frente a los efectos erosivos de la lluvia y de la rápida evaporación posterior. 

El cultivo de trigo contribuye a la sustentabilidad de los sistemas de producción en siembra directa con su importante aporte de residuos de cosecha y su particular tipo de sistema radicular.

En una experiencia realizada por Marelli et al. (1983) en un suelo de serie Marcos Juárez de excelente aptitud agrícola pero con el 3% de pendiente, una cobertura de 4000 kg/ha de rastrojo de trigo comparada con el mismo suelo desnudo, incrementó un 23% la infiltración de agua de lluvia, disminuyó un 28% el escurrimiento superficial y disminuyó un 80% la pérdida de suelo. Experiencias más recientes mostraron que un suelo con 3500 kg/ha de rastrojo de trigo evaporó un 72% menos de agua que el suelo sin cobertura (Marelli, datos no publicados).

En general la cantidad de residuos de cosecha que aporta un cultivo de trigo depende más del rendimiento obtenido que de la variedad. Sin embargo a igual rendimiento, hay algunas variedades de siembra temprana que tienden a dejar mayor cantidad de rastrojo.

Los residuos de cosecha de trigo además quedan distribuidos en forma homogénea en la superficie del suelo y se caracterizan por su durabilidad en el tiempo, favorecida por su alta relación C/N y contenido de lignina. Esta situación se observa claramente en la presencia de rastrojo de trigo en la cobertura de lotes provenientes de trigo / soja, que resultan excelentes antecesores del cultivo de maíz en la rotación.

 

La siembra directa y la disponibilidad de agua para trigo

La acumulación de agua en el perfil de suelo en el momento de la siembra es importante para todos los cultivos, pero lo es especialmente en el caso del trigo por la baja ocurrencia de lluvias durante gran parte de su ciclo. Partiendo de adecuados niveles de agua acumulada, un cultivo de trigo bien implantado puede afrontar el período invernal normalmente seco durante el cual transcurren importantes etapas de desarrollo como son el macollaje y gran parte del encañado.

Posteriormente en el momento de espigazón, que eligiendo adecuadamente la variedad y época de siembra debería ocurrir inmediatamente pasado el riesgo de heladas tardías, la probabilidad de lluvia aumenta y la disponibilidad hídrica generalmente resulta suficiente para abastecer el llenado de los granos.

El trigo puede alcanzar elevadas eficiencias en el uso del agua que está acumulada en el suelo. Ensayos de variedades de trigo conducidos durante varios años en campo de productores en el sudeste de Córdoba y sur de Santa Fe, han permitido medir consumos de agua entre 10 y 15 kg de grano por cada milímetro de agua total utilizada por el cultivo medida hasta 1,5 metros (Fraschina et al. 2000).

Para el caso de trigo, tanto el cultivo anterior como el sistema de labranza modificarán la acumulación de agua en el suelo durante la segunda mitad del verano y el otoño, y por lo tanto la disponibilidad hídrica inicial del cultivo.

Esta situación es especialmente importante en la región central norte triguera donde el maíz y las variedades de soja que maduran durante el mes de marzo, resultan buenos antecesores de trigo.
Se debe recordar que las pérdidas de humedad de suelo posteriores a la madurez fisiológica del cultivo antecesor, dependerán del manejo realizado en cada situación y es aquí donde adquiere mayor importancia ajustar debidamente la técnica de barbecho químico.

 

Elección de variedades de trigo para siembra directa

Si bien dentro de la estrategia de manejo del cultivo de trigo en siembra directa la mayor atención se debe poner en la elección de lotes con buena disponibilidad de agua y en la implementación de una equilibrada suplementación de nutrientes para cada situación, nuestra experiencia reciente muestra que también resulta importante la elección de variedades y fechas de siembra adaptadas a esta modalidad de cultivo (Kohli et al. 1999).

Junto a esta última pauta, se debe mencionar también la necesidad de utilizar semilla sana, curada y con adecuado desarrollo de grano, que permita alcanzar la cantidad de plantas recomendada para cada variedad y época de siembra, apuntando a lograr un buen establecimiento del cultivo. Se debe recordar que una buena implantación es la clave para mejorar la eficiencia en el uso del agua y de los nutrientes disponibles. 

Con respecto a la elección de variedades de trigo para siembra directa la sugerencia es tratar de caracterizar previamente cual será el ambiente de producción. Si bien en la mayoría de las situaciones se sigue observando buena adaptación de las variedades que permiten una siembra temprana, en los buenos ambientes de producción se alcanzan iguales rendimientos con variedades de ciclo intermedio y corto de buen potencial de rendimiento (Fraschina et al 2001).

La siembra temprana de trigo asegura una mejor implantación del cultivo y ofrece condiciones más favorables en las primeras etapas de desarrollo, y por lo tanto tiende a un mejor uso del agua almacenada en el suelo. Sin embargo se debe tener en cuenta que cuando los ambientes de producción de trigo son mejores por su mayor disponibilidad hídrica, adecuado nivel de nutrientes, años de siembra directa y rotación de cultivos, las diferencias entre ciclos desaparecen y prevalece el potencial de rendimiento de la variedad independientemente de su ciclo.

En varias regiones del área central norte triguera es común observar daño de frío por heladas durante la implantación del trigo en siembra directa y también se verifica que existen diferencias entre cultivares frente a esta modalidad de estrés ambiental (Fraschina et al. 2002). Este tipo de daño se observa especialmente cuando la ocurrencia de helada es acompañada por cambios bruscos de temperatura.

Los resultados fueron coincidentes con observaciones registradas en años anteriores y obliga a replantear el uso de algunas variedades susceptibles a este tipo de daño en condiciones de siembra directa con abundante rastrojo en superficie que incrementa el efecto de la helada sobre los tejidos. Esta situación resulta importante porque en ambientes más secos las pérdidas de área foliar por daño de helada no siempre podrán ser compensadas.

Para la elección de variedades de trigo con buena adaptación a siembra directa, también se deberá prestar especial atención a su comportamiento frente a enfermedades producidas por parásitos necrotróficos, es decir aquellos que tienen posibilidades de transmisión a través de los rastrojos como son la mancha amarilla, la septoriosis de la hoja y la fusariosis de la espiga (Galich y Galich. 2000).

El área de mayor difusión del trigo en siembra directa es la dedicada al doble cultivo trigo / soja, en rotación con maíz y soja de primera siembra. En este sistema de producción, la secuencia trigo / soja con buenos rendimientos suele ser una alternativa de excelente rentabilidad (Peretti, 2001).

Para ello el cultivo de soja de segunda siembra debe ser implantado lo antes posible. En el sudeste de Córdoba y el centro sur de Santa Fe la situación ideal sería llegar a sembrar la soja de segunda hacia fines de noviembre o principios de diciembre. Aquí es donde adquiere importancia la elección de variedades de trigo de siembra temprana pero con madurez rápida, como así también en los buenos ambientes de producción, la siembra de variedades de ciclo más corto.

En ambos casos la idea es tener una cosecha más temprana con un rastrojo que permita una rápida implantación de la soja de segunda y así alcanzar un mejor resultado físico y económico de la secuencia trigo / soja y su aporte al sistema. 

Pensando en facilitar la implantación de la soja sobre trigo, otra característica a la que también debe prestarse atención en siembra directa es el tipo de rastrojo que deja el cultivo de trigo y su distribución en el lote, debido a que algunas de las variedades difundidas tienen marcada tendencia a vuelco en condiciones favorables. Esta situación origina pérdidas de rendimiento antes y durante la cosecha, pudiendo también ocasionar dificultades y demoras en la siembra de soja de segunda.

 


» http://www.inta.gov.ar/MJUAREZ/info/documentos/Trigo/sdirecta05.htm


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