El hipopotamo: Caracteristicas Anatomia Habitat Reproduccion origen y evolucion
artiodactilo clasificacion morfologia suidos tayasuidos comportamiento...

EL HIPOTÓTAMO


Nombre Científico: Hippopotamus amphibiu

Familia: Hipopotámidos

Suborden: Suiformes

Orden: Artiodáctilos

Clase: Mamíferos

Identificación: Cuerpo en forma de barril, patas gruesas y cortas, y boca rasgada hasta las mejillas.

Tamaño: Longitud cabeza y cuerpo: 2,9-5 m; longitud cola; 35-55 cm; altura en la cruz: 1,5-1,655 m.

Peso: 1-45, toneladas (hembras menores y menos corpulentas).

Distribución: Africa subsahariana hasta Jartum por el norte, y la parte septentrional y oriental del Transvaal y el norte de Natal, en Sudáfrica, por el sur.

Hábitat: Ríos, lagos y lagunas de aguas permanentes bordeados de herbazales y carrizos; durante la época de lluvias, también en charcas temporales que sean suficientemente profundas.

Alimentación: Plantas herbáceas terrestres y, en menor medida, juncos y otras plantas acuáticas emergentes.

Reproducción: Tras una gestación de 32 a 34 semanas la hembra da a luz una cría, rara vez a dos. .



Denominado “cerdo de río” por los antiguos egipcios, el hipopótamo es ciertamente un suiforme, es decir, un pariente de jabalíes, cerdos y pecarís, por mucho que su enorme tamaño y sus formas insólitas parezcan desmentirlo. Muy adaptado al medio acuático en el que pasa la mayor parte de las horas del día, este corpulento animal no sólo es capaz de nadar y de bucear con destreza y elegancia, sino que además se pelea, copula, pare, mama e incluso en ocasiones duerme dentro del agua. Una de las pocas cosas que no hace dentro del líquido elemento es alimentarse, actividad que realiza durante la noche, cuando olvidando su proverbial agresividad y la estructura jerárquica que rige su vida, pasta la jugosa hierba en sus pacederos comunales.



ORIGEN Y EVOLUCION


Los artiodáctilos

Los hipopotámidos proceden de un tronco común, el de los primitivos artiodáctilos, que dio origen a los suiformes por un lado y a los rumiantes por el otro. Contrariamente a los perisodáctilos –tapires, caballos y afines-, que se desarrollaron sobre todo en Norteamérica, los artiodáctilos tuvieron como centro de evolución más probable el Viejo Mundo. Sus fósiles más antiguos, Picbobunidae, que se remontan a principios del Eoceno (hace unos 54 millones de años), tenían cuatro dedos en cada pie, un estómago no rumiante y carecían de cuernos.

A lo largo del Eoceno, mientras duró el clima cálido que permitía la existencia de selvas tropicales hasta el círculo Ártico, los artiodáctilos continuaron siendo pequeños (menos de 5 kg de peso) y no rumiantes. Pero a finales de este período (36,6 millones de años atrás), cuando el clima estacional se enseñoreó de las regiones norteñas, los artiodáctilos empezaron a aumentar de tamaño y a diversificar su régimen alimenticio: mientras el linaje de los suiformes continuaba siendo omnívoro o frugívoro, otra línea evolutiva, la de los rumiantes, desarrolló el estómago complejo que permitía fermentar el alimento y especializarse en una alimentación herbívora.


Los hipopotámidos


Durante el Oligoceno (hace 36,6-23,7 millones de años), los artiodáctilos empezaron a diversificarse y algunos géneros adquirieron gran tamaño, entre ellos los suiformes Entelodon y Antbracotberium, comunes en gran parte del hemisferio norte; el segundo de estos dos géneros inició el linaje de los actuales hipopótamos. Durante el Mioceno (23,7-5.3 millones de años) la diversificación de los suiformes aumentó en gran medida, dando un número de especies muy superior al actual, pero no fue sino a finales de este período cuando aparecieron los primeros miembros de la familia hipopotámidos .

Durante el Plioceno (5,3-1,8 millones de años) y hasta bien entrado el Pleistoceno muchas especies de hipopótamos se difundieron por Asia Europa y África, único continente este último donde han perdurado hasta hoy en día. Hace 120.000 años, es decir, poco después de que aparecieran los primeros hombres de nuestra especie, un gran hipopótamo (Hippopotamus major) chapoteaba en los ríos de la península Ibérica. Hasta hace apenas 10.000 años, Creta y Chipre albergaban un hipopótamo pigmeo (Phanourios minutus), cuya extinción fue probablemente acelerada por el hombre, en tanto que Madagascar albergó hasta hace unos mil años un hipopótamo de tamaño mediano, H. lemerlei, cuya extinción también es probable que deba achacarse al hombre.



TODOS LOS PARIENTES PROXIMOS


El orden artiodáctilos comprende dos grupos bien diferenciados: los suiformes, que tienen un estómago no rumiante, y el grupo formado por los subórdenes tilópodos (camellos, guanacos y afines) y rumiantes (ciervos, jirafas, antílopes, etc.), cuyo estómago complejo les permite digerir fibras leñosas y otras materias vegetales poco nutritivas.
El suborden suiformes está formado por las familias suidos (jabalíes y afines), tayasuidos (pecarís) e hipopotámidos (hipopótamos).



FAMILIA SUIDOS


Sus nueve especies se agrupan en cinco géneros y se caracterizan por su hocico terminado en una nariz móvil en forma de disco, sus caninos curvados hacia arriba y la elevación de la cresta occipital.


Jabalí (Sus scrofa)

Es el suido más conocido, no sólo por su abundancia en muchas regiones, sino también porque de él desciende la mayoría de cerdos domésticos. Muy adaptable y de régimen omnívoro, tiene un área de distribución original muy extensa, que abarca el norte de África y Eurasia desde Portugal hasta Cómodo, incluidas muchas otras islas, como Córcega, Cerdeña, Sri Lanka y Taiwán. Como cerdo asilvestrado, el jabalí ha sido introducido, a veces con funestas consecuencias ecológicas en el continente americano, las Antillas, Hawai, Nueva Zelanda y otras islas oceánicas.

Otras especies del género son las siguientes: el jabalí enano
(S. Salvanius), de Nepal, Sikkim, Bhutan y noreste de la India; el jabalí de Java (S. verrucosus), que también vive en las islas adyacentes de Madura y Bawean; el jabalí de Célebre (S. celebensis), que fue domesticado inicialmente en esta isla y luego llevado a las Molucas y otras islas indonesias, donde sé híbrido con cerdos cimarrones; y el jabalí barbudo (S. barbatus), de Malasia peninsular, Sumatra, Borneo y Filipinas. Todos ellos tienen formas corporales, costumbres y ecología similares al jabalí euroasiático, si bien el jabalí enano no supera los 71 cm de longitud y los 30 cm de altura en la cruz, mientras que las otras especies alcanzan 1,8 m de longitud y 1,1, m de altura.


Babirusa (Babyrousa babyrussa)

Este suido atípico, cuyos colmillos perforan su piel y salen por encima del rostro, sólo vive en Sulawesi (Indonesia) y en algunas islas vecinas. Su población apenas supera los 4.000 individuos y su hábitat preferido son las selvas húmedas y tupidas, así como los cañaverales a orillas de lagos y ríos, donde se alimenta de hierba, hojas y frutos caídos.


Facóquero o jabalí verrugoso (Phacochoerus aethiopicus)

Vive en las zonas de sabana y bosque abierto del África subsahariana, donde se nutre sobre todo de gramíneas. En su gran cabeza aplastada, los machos adultos presentan dos pares de gruesas verrugas y unos colmillos superiores enormes, de hasta 63,5 cm de longitud (no más de 25,5 cm en las hembras), y encorvados a modo de cuernos.


Potamacero o jabalí de río (Potamochoerus porcus)

Esta especie, que es tan omnívora y adaptable como los jabalíes verdaderos, vive en gran parte del África subsahariana, desde Senegal hasta el este de República Democrática del Congo, en bosques de galería, sabanas, herbazales húmedos, selvas y otras zonas boscosas. Se reconoce por su brillante pelaje, sus orejas puntiagudas y hocico alargado.


Hilocero o jabalí gigante de la selva (Hylochoerus meinertzhageni)

Se encuentra en la zona forestal que se extiende desde Guinea hasta el suroeste de Etiopía y el norte de Tanzania, y, pese a su considerable robustez (alcanza los 270 kg. de peso), fue uno de los últimos grandes mamíferos descubiertos por la ciencia. Este suido de pelaje negruzco y peculiares rasgos faciales deambula en piaras de hasta veinte individuos, que son conducidas por un viejo macho, y se alimenta de vegetación herbácea.



FAMILIA TAYASUIDOS


Comprende tres géneros y tres especies de distribución exclusivamente americana. Son muy parecidos a los suidos, pero tienen patas largas y esbeltas, pezuñas pequeñas y una glándula dorsal que, cuando el pecarí está excitado, segrega una sustancia de olor almizclado detectable a varios metros de distancia.


Pecarís de collar y barbiblanco (Peccari tajacu, Tayassu pecari)

Ambas especies ocupan el sur de Norte América –el pecarí de collar desde Arizona y Texas y el barbiblanco desde el sur de México-, América Central y del Sur hasta el norte de Argentina. Tienen costumbres nocturnas y son principalmente vegetarianos, aunque también consumen invertebrados y ocasionalmente pequeños vertebrados. Forman a menudo grandes piaras de ambos sexos que, en el caso del pecarí barbiblanco, pueden contar con varios centenares de individuos.

El pecarí de collar mide de 44 a 50 cm de altura en la cruz y es de color negruzco, con una franja blancuzca en el cuello; el barbiblanco es algo mayor en promedio, de pelaje pardo rojizo a negro, con los labios y parte de la quijada blancos.


Pecarí del Chaco (Catagonus wagneri)

Vive en la región del Gran Chaco de Bolivia, Paraguay y Argentina, donde forma piaras más pequeñas que las dos especies anteriores. Se diferencia de éstas por su mayor tamaño –hasta 69 cm de altura en la cruz-, su cabeza grande y sus orejas, patas, colas y hocico más largos.



FAMILIA HIPOPOTAMIDOS


Está compuesta por dos géneros y dos especies vivas: el hipopótamo común, que se detalla ampliamente en las otras secciones, y el hipopótamo enano.


Hipopótamo enano (Choeropsis liberiensis = Hexaprotodon liberiensis)

Aunque parece una versión reducida de su conocido pariente –no supera el metro de altura en la cruz y pesa como máximo 270 kg. presenta marcadas diferencias de estructura, ecología y comportamiento. Menos acuático que el hipopótamo común, tiene la cabeza más redondeada y sus pies, menos palmeados, tienen los dedos bien separados y provistos de afiladas uñas; por lo demás, sus ojos, menos protuberantes, están situados a los lados de la cabeza, en tanto que su mandíbula inferior suele tener un solo par de incisivos frente a los dos o tres que posee su pariente de mayor tamaño.

Difícil de observar, el hipopótamo pigmeo únicamente se encuentra en algunas selvas de llanura del golfo de Guinea. La UICN lo considera como una especie vulnerable y, según parece, ha sido siempre bastante escaso.



MEDIO NATURAL


Distribución

Antiguamente, el hipopótamo se encontraba en todas las grandes cuencas fluviales de África al sur de Sahara, así como en el curso medio y bajo del Nilo hasta el propio delta. La actual presencia del hipopótamo en la isla de Bijagos (África occidental) y sobre todo en Mafia, una isla del Indico separada de Tanzania por fondos demasiado profundos para haber estado unida al continente en fechas geológicas recientes, demuestra que el animal puede atravesar brazos de mar.

Pese a ello, el hipopótamo común no colonizó nunca Madagascar, donde vivían hasta hace unos mil años tres especies del mismo género, Hippopotamus lemerlei, H laloumena y H. madagascariensis. El hipopótamo malgache era bastante menor que su congénere africano y es probable que su extinción se debiera a la destrucción del hábitat y a la persecución de que fue objeto por los primeros habitantes humanos de la isla. Por estas y otras razones –por ejemplo la desertización del Sahel- también el hipopótamo común ha sufrido abundantes desapariciones locales, lo que ha dado como resultado una disminución de su área de distribución original.

Así, por ejemplo, aunque sigue habiendo hipopótamos en el valle del Nilo, éstos ya no remontan el río hasta más allá de Jartum, en Sudán, ya que el último hipopótamo de Egipto fue abatido en 1816. Pese a la desaparición de muchas de sus poblaciones, especialmente en el sur y el oeste, el hipopótamo común continúa ocupando gran parte de las regiones del África subsahariana que le ofrecen un hábitat apropiado.


Hábitats

Aunque el hipopótamo común había llegado antaño a ocupar todas las zonas de la región etiópica con agua y vegetación herbácea abundantes, lo cierto es que sus hábitats preferidos son los ríos, lagos y otras extensiones de aguas permanentes y profundas con carrizales no muy densos y abundantes herbazales adyacentes. Durante las estaciones lluviosas, algunas colonias de hipopótamos se aglomeran en charcas temporales a veces muy alejadas de los cursos agua permanente. Conocidas con el nombre de hippopools, estas charcas de agua de lluvia pueden llegar a reunir centenares de hipopótamos que, con sus vigorosos movimientos, no tardan en transformarlas en viscosos lodazales.

Los hipopótamos se encuentran asimismo en ríos y lagos de montaña, hasta 2.000 m. De altitud o más, siempre que la temperatura del agua no sea inferior a 18 °C. En zonas más bajas, el agua tampoco debe superar los 36 °C, pero no es imprescindible que ésta sea dulce. Capaces de cruzar brazos marinos, estos animales se adentran a veces en las aguas marinas de los estuarios, donde en más de una ocasión se han vistos obligados a entablar combate con los tiburones.
Aunque evitan las pluvisilvas donde apenas crece la vegetación herbácea, los hipopótamos se adentran en zonas de selva no muy densa, donde prefieren los ríos de orillas bajas o por lo menos arenosas y fácilmente excavables, par que los caminos de salida y acceso al agua no tengan demasiada inclinación.


Adaptaciones al medio

Pese a su corpulencia y sus cortas patas, el hipopótamo es bastante ágil en tierra donde, si es necesario, puede cargar o huir a casi 30 km/h. El agua, sin embargo, es su verdadero elemento; en ella pasa la inmensa mayoría de las horas de luz, se refugia cuando le amenaza algún peligro e incluso duerme en breves cabezadas. También los apareamientos tienen lugar en el líquido elemento y las crías, que son capaces de nadar antes de saber andar, maman con frecuencia bajo el agua. Los adultos también nadan y se zambullen con destreza, siendo capaces de permanecer sumergidos treinta minutos o más, aunque por lo general sus inmersiones no duran más de cinco minutos. Junto con su elevada densidad, esta capacidad les permite asimismo andar por el fondo sin problemas.

Como las ranas, cocodrilos y otros vertebrados que pasan gran parte de su tiempo en el agua, pero que deben respirar el aire atmosférico y estar atentos a cuanto sucede fuera del elemento líquido, los hipopótamos han desarrollado una disposición periscópica de sus órganos sensoriales. Además de esta disposición que les permite respirar, ver y oír por encima de la superficie, los grandes ungulados muestran muchas otras adaptaciones al medio acuático; el cuerpo en forma de tonel es una de ellas, como también lo son los músculos que taponan sus orificios nasales y auditivos durante la inmersión total, los grandes pulmones que permiten inmersiones de larga duración, o las membranas interdigitales que transforman sus extremidades en órganos propulsores.



ANATOMÍA DEL HIPOPÓTAMO


Un mamífero adaptado al medio acuático

Con sus enormes dimensiones y su formidable peso, el hipopótamo es el más corpulento de los mamíferos terrestres después de los elefantes y por delante del rinoceronte blanco, el eland y la jirafa.


Hocico

Ancho y redondo, con los orificios nasales abiertos en su parte superior, lo que le permite respirar discretamente en la superficie.


Ojos

Muy prominentes y situados hacia atrás, en la parte superior de la cabeza, afloran a la superficie cuando el animal está semisumergido.


Orejas

Pequeñas y móviles, como las de los caballos, se cierran cuando el hipopótamo se sumerge por completo.


Mandíbulas

El gran desarrollo de los maseteros y del músculo digástrico permiten la excepcional abertura de la mandíbula –hasta 150°-, rasgo muy útil en las pardas de intimidación y de amenaza.


Cabeza

Las pequeñas orejas, el hocico dilatado y romo y los poderosos músculos maseteros (músculos elevadores del maxilar inferior) dan a la cabeza un aspecto grotescamente equino, lo que tal vez explique por que los griegos le dieron el nombre de “caballo de río” (Hippopotamus) a este enorme pariente de los cerdos.

El perfil de la cabeza con las narinas, los ojos y las orejas situados en la parte superior del cráneo y completamente alineados como en otros vertebrados acuáticos, permite respirar, oler, oír y ver fuera del agua, mientras la mayor parte del animal se mantiene protegido y oculto dentro del agua.


Dientes

Afilados como navajas y levemente proyectados hacia el exterior, los caninos son las armas temibles que, en la mandíbula inferior del macho, pueden alcanzar hasta 70 cm de longitud y 3 kg de peso. Los incisivos, por su parte, son lisos, redondeados, están ampliamente separados y, como los caninos, tienen forma de defensas y un crecimiento continuo. Los premolares suelen tener una única cúspide y los molares tienen siempre dos cúspides (excepto el tercero de cada semimandíbula, que tiene tres).


Piel

Perfectamente adaptada a la vida acuática gracias a la capa córnea de su epidermis.

La piel es lisa, tiene una dermis espesa y contiene una capa protectora de grasa de 50 mm de espesor, mientras que su epidermis tiene una capa córnea inusualmente fina, lisa y compacta, lo que constituye una adaptación única a la vida acuática. Debido a la finura e esta capa externa, la piel permite la transferencia de agua pero también obliga una gran dependencia del medio acuático o de un hábitat muy húmedo durante el día ya que, de no ser así, el animal podría deshidratarse con gran rapidez.


Patas

Cortas y terminadas en cuatro dedos de similar tamaño, provistos de pequeñas pezuñas puntiagudas en forma de uñas.

Mas necesitado de una amplia base de sustentación para su enorme cuerpo que de unos miembros especializados en la carrera, los hipopótamos apoyan el peso de su cuerpo en los cuatro dedos de cada pie. A diferencia de otros artiodáctilos, los dos dedos laterales de cada uno de estos pies están casi tan desarrollados como los dos centrales, y todos ello se extienden de tal forma que los laterales tocan el suelo cuando el animal se alza sobre sus patas.



VIDA SOCIAL Y REPRODUCCIÓN


Comportamiento

Aunque en las regiones donde todavía abunda el hipopótamo puede formar grupos de hasta 150 individuos durante la estación seca, lo más habitual es que estas agrupaciones no superen las diez a quince cabezas. Los rebaños o piaras de mayor tamaño consisten principalmente en hembras adultas con sus crías, no siendo raro que varias hembras se separen del rebaño para formar una guardería temporal cuyos miembros se relevan en el cuidado de las crías. Los machos no territoriales también forman agrupaciones ocasionales, pero por lo general prefieren llevar una existencia más bien solitaria.

Aunque los machos dominantes pueden mantenerse en el poder hasta doce años –como sucede en los lagos y otros emplazamientos estables-, la única relación realmente perdurable entre hipopótamos es la que se establece entre las hembras y sus crías. En agrupaciones de mayor tamaño, el macho dominante, que en condiciones favorables puede llegar a reinar sobre 50 o incluso 100 m de orilla fluvial –y hasta sobre 500 m de orilla lacustre-, establece su territorio en las mejores zonas ocupadas por el rebaño y lo marca regularmente con sus defecaciones.

En la periferia de estas zonas siempre hay numerosos machos solitarios, y éstos pueden ser tanto animales jóvenes que nunca han tenido territorio y la presencia de cualquier macho, cría o hembra que no ovula, puede llegar a saldarse con la muerte del intruso. Ante esta amenaza, no es de extrañar que los machos no territoriales no consigan reproducirse, ni que las hembras adultas, que pueden llegar a ser muy agresivas, se asocien a veces entre ellas para proteger a sus crías.


Nacimientos

Aunque en el cautiverio la madurez sexual se alcanza a los tres o cuatro años, en la naturaleza los machos de hipopótamo no se reproducen ante de los 6-13 años y las hembras antes de los 7-15. estas últimas son poliéstricas y su estro –parte del ciclo en que la hembra está en ovulación- dura unos tres días. Contrariamente a los apareamientos, que por lo general se producen durante la estación seca, los nacimientos suelen tener lugar en la estación de lluvias. Tras 227-240 días de gestación, nace una cría única –a veces hay gemelos, pero son raros-, que frecuentemente viene al mundo en el agua somera.

El pequeño, que ya ha aprendido a nadar antes de andar, se amamanta siempre en apnea, con los oídos y las narinas cerradas, y no sólo cuando lo hace en el agua sino también en tierra. Al nacer, la cría pesa de 5 a 55 kg. y su crecimiento es rápido, ya que al año puede hacer alcanzado los 250 kg.

Por término medio, los nacimientos se producen a intervalos de dos años –ochos meses de gestación, un año de lactancia y cuatro meses de “anestro” –y la primera cría permanece con su madre hasta el nacimiento de la segunda o incluso durante más tiempo. De ahí que no resulte extraño encontrar hembras rodeadas de varios jóvenes, si bien no es seguro que todos ellos sean sus propias crías.



ALIMENTACIÓN


Salir del agua

Al caer la tarde, tras hacer pasado la mayor parte del día descansando en el agua o muy cerca de ella, los hipopótamos se preparan para comer. Las señales acústicas empiezan a hacerse más numerosas, lo que indica la inminencia de los desplazamientos alimentarios, y la comunicación entre los miembros del grupo continúa por la noche, durante las cinco o seis horas que tardan los animales en buscar su alimento en tierra. Aunque a veces los hipopótamos inician su búsqueda de alimento recorriendo hasta más de 30km dentro del agua, por lo general utilizan siempre los mismos pasajes de salida. Cuando la densidad de animales es alta, esta operación, efectuada noche tras noche, va ahondando las pistas y llega a demoler la orilla. Una vez en tierra, el comportamiento social de los hipopótamos se modifica por completo; las relaciones de dominio desaparecen como por ensalmo y los animales se limitan a seguir los senderos balizados por excrementos que, contrariamente a lo que sucede en el hábitat diurno, no son marcas territoriales sino puntos de referencia para orientarse durante la noche.

Al final de estas pistas balizadas, ramificadas en su extremo, se sitúan los pastos comunales que, por lo general, se extienden a no más de 3,2 km del agua. En condiciones de escasez, sin embargo, los hipopótamos, solos o en pequeños grupos, pueden llegar a aventurarse hasta unos 10 km más allá de la orilla, especialmente si tras la primera zona de pastos encuentran cenagales o charcas que les sirven de refresco.


Dieta

La dieta del hipopótamo consiste principalmente en hierba aunque en ocasiones incluye también frutos caídos, juncos y carrizos. Las especies herbáceas más utilizadas son varias especies de gramíneas de los géneros Panicum, Cynodon y Themeda, que los animales arrancan con sus anchos labios córneos. El hipopótamo posee un estómago compartimentado y complejo que, sin llegar a ser rumiante, hace más lento el tránsito de los alimentos y aumenta su asimilación por el intestino. Bien adaptado a sus necesidades, este último contiene unos protozoos ciliados que le ayuda a digerir la celulosa de los vegetales y permite un paso por el sistema digestivo de unas 24 horas. Bastante más rápido que el de los rumiantes, este proceso no es tan eficiente como en éstos.

Pese a ello, el hipopótamo se alimenta poco en proporción a su peso. Su ración cotidiana, de 25 a 40 kg. de hierba fresca, apenas representa del 1 al 1,5% de su peso corporal, una cantidad bien exigua si se compara con el 2,5% que necesitan consumir casi todos los demás ungulados para sobrevivir.

Por lo demás, la tasa metabólica del hipopótamo es bastante baja, lo que probablemente tiene que ver con un modo de vida que minimiza el gasto de energía –el animal pasa la mayor parte del día prácticamente inactivo en un medio portante, estable y cálido-, y ello le permite sobrevivir durante días, o incluso semanas, en una ciénaga sin comida ni sombra y con muy poco agua.


Asociaciones defensivas

Cuando los escasos pukus, o kobs sureños, que viven en las espesuras del Linyanti salen a beber, se tornan muy vulnerables. El leopardo, que acecha desde las sombras, está esperando este momento para capturarlos. Pero el poderoso felino no ha contado con la presencia de los babuinos que, verdaderos centinelas de estos antílopes ribereños, emiten sus sonoros ladridos tan pronto como detectan la presencia de la fiera.

Los hipopótamos y las garcillas bueyeras o los bufagos también forman una curiosa asociación: los hipopótamos se ven libres de los parásitos que los atormentan gracias a la acción de las aves, que se alimentan de dichos parásitos.

La simbiosis entre bufagos e hipopótamos, sin embargo, no es exclusiva de estos ungulados, ya que los pájaros también se alimentan de garrapatas y otros parásitos sobre el dorso de antílopes, jirafas, rinocerontes y cebras, y a veces sobre el ganado doméstico. Curiosamente, estos pájaros emparentados con los estorninos no son tolerados sobre la piel de los elefantes, quizá porque los proboscídeos ya suplen sus necesidades higiénicas con la trompa.

Aunque parezca lo contrario, también la asociación entre ungulados y garcillas bueyeras es en doble sentido. Lejos de limitarse a utilizar el dorso de los mamíferos como despensa –o, en el caso de ungulados terrestres, de alimentarse de los insectos que éstos levantan a su paso-, las garcillas también liberaban los ungulados de los insectos que los atosigan. Y, como sucede con chitales y langures, las aves también avisan a los mamíferos tan pronto como aparece algún síntoma de peligro.

Esta utilidad quizá no lo sea tanto para los hipopótamos adultos, que prácticamente carecen de depredadores, aunque sí puede serlo para las hembras con sus crías. Por lo demás, debe tenerse en cuenta que incluso los temibles rinocerontes negros suelen llevar en todo momento un bufago en la grupa, de forma que cuando el pájaro advierte algún peligro y alza el vuelo, pone en guardia al miope ungulado, que rápidamente se dispone a huir o a hacer frente a la posible amenaza.




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