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Leyendas de la Provincia de Salta


Introduccion:

Las leyendas son relatos de determinados sucesos extraordinarios o fantásticos, que el pueblo considera fehacientemente ocurridos en determinado tiempo y lugar. Se basan en personajes o hechos reales o supuestos, en indicios naturales, en creencias religiosas y en supersticiones.

Antiguamente, se refería a la historia o en relación de la vida de uno o más santos. Hoy es el relato de sucesos que, partiendo de una base histórica, han sido dibujados por la imaginación popular, es decir, que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos.

Los relatos que en vez de narrar un acontecimiento notable de este tipo, exponen simplemente una creencia y la acreditan con episodios anecdóticos, no constituyen leyendas propiamente dichas. De todos modos, si tienen unidad narrativa, suele llamárselos leyendas, lo mismo que los relatos anecdóticos, sin veracidad documental, relativos a sucesos o personajes históricos.

La dinámica de estas leyendas y relatos afines es la tradición popular. Ella los conserva en el patrimonio espiritual de la comunidad, reelaborándolos con matices.



Algunas leyendas:

El Duende

Se dice que es un niño que murió sin ser bautizado o un niño malo que golpeó a su madre. Es muy pequeño, lleva un sombrero grande y llora como una criatura. Tiene una mano de hierro y otra de lana, cuando se acerca a alguien le pregunta si con cuál mano desea ser golpeado. Algunos dicen que, sin importar la elección, el duende golpeará siempre con la de hierro. Otros, en cambio, aseguran que los desprevenidos eligen la de lana y que es ésta la que en realidad más duele.

Posee unos ojos muy malignos y dientes muy agudos. Suele aparecer a la hora de la siesta o en la noche en los cañadones o quebradas. Tiene predilección para con los niños de corta edad, aunque también golpea sin piedad a los mayores.

En las inmensas soledades de la puna, los ganados están protegidos. Un enanito misterioso, un duendecillo, que todo lo ve, es quien defiende sus vidas de las crueldades humanas. Nadie a visto a Coquena. Es fama que tiene cara de cholo y viste casaca y pantalón de vicuña. Lleva también diminutas ojotas y ancho sombrero de suave pelo. Desde las alturas contempla sus bestias sin ser visto. Sólo se ha escuchado su silbido, que es mágico llamado. Pero es tal la seguridad de su presencia que todos le temen. Por eso no matan vicuñas ni llamas para utilizar su pelo.

Prefieren cortar suavemente el vellón. Tampoco maltratan a las arrias cuando cargadas de sal, bajan de los cerros. Se cuentan historias, en que justiciero, Coquena ha quitado las llamas a quien no sabía valorar ese don; y como ha premiado a los buenos pastores que, en tormentas de nieve, cuando el viento blanco amenazaba cubrirlo todo, salvan con peligro de su vida su hato de cabras en plena borrasca. Y está su persona tan ligada a los hechos que ocurren por estas regiones, que, en Salta, cuando aparece un forastero, para adquirir provisiones y, tocándose con el codo, murmuran: Es coquena.

Este duende recorre las provincias del litoral, de Chaco y Formosa. Anda por los bosques, generalmente a la hora de la siesta, en forma invisible. Es un duendecillo bueno que ayuda a quien le pide protección. Para ello adquiere la imagen de un indio o de un árbol o de lo que sea necesario, para ayudar al compañero en peligro o en apuros.

En Misiones lo corporizan en un hombre alto, delgado, que se .cubre con un amplísimo sombrero de paja y que lleva una larga caña en la mano. Algo parecido al Sachajoy, el duende de Santiago del Estero, el cuidador. de los árboles de los bosques y de las colmenas de miel.

En Misiones, anda a grandes trancos, cuidando los árboles y los pájaros. Cuando oye voces se esconde detrás de los árboles y allí espera para ver quiénes han penetrado en el mundo de los árboles y qué es lo que van a hacer. Si ve que se aprestan a derribar un ejemplar hace mil triquiñuelas para evitarlo: imita la voz de uno de los hombres para llamarlos a los compañeros y alejarlos; remeda los ladridos de perros en ataque... Hace cualquier cosa para impedir que se hache un árbol. Y si ve que son cazadores de aves se adelanta y les espanta las presas con silbidos, con gntos y ademanes.


JUNCO

Leyenda guaraní:
Pirí era una india guaraní joven y bonita. Como a sus demás compañeras, le gustaba pasear en livianas guavirobas, mecerse al compás del río y despeinar su negra cabellera para dejar en libertad las apretadas trenzas. Entre risas y cantos, las jóvenes adornaban los sueltos cabellos con coloridas flores y ceñían su cuerpo con vistosas chumbé que ellas mismas tejían.

Cierto día, Pirí conoció a dos jóvenes hermanos llamados Yatatí y Mboré, reconocidos como valientes guerreros e inseparables camaradas. Yatatí y Mboré quedaron prendados de la joven, y desde entonces la colmaron de regalos para observar en sus reacciones los sentimientos que podían inspirarle. Pirí, sin comprender lo que ocurría, aceptaba sus presentes con alegría y complacencia, pero no se decidía a otorgar favores a ninguno de los dos hermanos.

Pasado un tiempo, Yatatí dijo a Mboré : Hermano desde que nuestros pensamientos están dirigidos a Pirí nos hemos convertido en rivales y en enemigos. En nuestro corazón, donde antes albergábamos el amor fraternal, anidan ahora los celos y el rencor. Mboré dijo tristemente : No podemos continuar así, lo sé. Sólo nos queda un camino para resolver este conflicto.

Yatatí asintió en silencio, y llenos de pesar ambos comenzaron a preparar las armas y ropas de combate...

Los demás compañeros supieron de inmediato lo que ocurría, pero no pudieron detener la fatal caminata hacia el oscuro monte donde tantas veces los hermanos habían cazado juntos, compartiendo el mismo alimento y el mismo esfuerzo. Yatatí y Mboré decidirían con la lucha cuál de los dos podría conquistar el corazón de Pirí.

Los días pasaron sin que nada se supiese de los hermanos. En vano los buscaron por montes y bosques durante varias lunas : Yatatí y Mboré habían desaparecido. Apesadumbrada, Pirí se dirigió lentamente a la orilla del río donde tantas veces había disfrutado de la compañía de otros jóvenes y doncellas e invocó al I - Yará (dios de las aguas) : Oh, bondadoso dios, te suplico que me ayudes a compensar el daño que mi belleza causó. Conviérteme en algo útil para todos y por lo cual me recuerden.

I - Yará oyó su súplica y mandó al I - Porá (fantasma de las aguas) para que alzara en sus gigantescos brazos a la infortunada joven y la sumergiera en lo hondo del río. Sus compañeras, sorprendidas y apenadas, vieron como Pirí se hundía suavemente en las aguas, mientras sus flotantes cabellos se transformaban en plumosos penachos que cimbreaban en la punta de un flexible tallo...

Así - según cuentan los guaraníes - nació el junco, la utilísima planta acuática a la llamaron Pirí en homenaje a la bella indiecita.




» http://www.camdipsalta.gov.ar/INFSALTA/junco.htm


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