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EL DELFIN


Nombre Científico: Tursiops truncatus

Familia: Delfínidos

Suborden: Odontocetos

Orden: Cetáceos

Clase: Mamíferos

Identificación: La cabeza presenta un “melón” prominente y termina con un morro corto y grueso. La aleta dorsal, situada en el centro del cuerpo, es grande, falciforme y con el extremo agudo. Coloración variable, pero generalmente gris oscura, que se aclara a medida que desciende por los flancos y que puede llegar a blanco en la zona ventral.

Tamaño: De 2,8 a 4m.

Peso: De 190 a 250 kg.

Distribución: Cosmopolita, aunque no llega a entrar en los océanos glaciales.

Hábitat: Vive en todos los mares tropicales y templados, penetrando a veces en otros más fríos. Se encuentra tanto en la costa como en aguas de más profundidad.

Alimentación: Captura gran variedad de especies de peces de hasta un palmo de largo, así como pequeños calamares y crustáceos.

Reproducción: Una sola cría por camada tras gestación de algo más de un año. Alcanzan la madurez sexual entre los 6 y los 12 años.


Los delfines son cetáceos, es decir, mamíferos acuáticos de cuerpo pisciforme. Respiran por el espiráculo, un orificio situado en la parte dorsal posterior de la cabeza, y se distinguen de todos los peces por su aleta caudal, que es horizontal.

Las características de piel, que es viscosa y blanda, les permite evitar las turbulencias del agua y alcanzar velocidades superiores a 40 km/h. Sin ser estr5ictamente migradores, se desplazan en función de las estaciones, hasta el punto de que pueden considerarse los animales más móviles de la Tierra.
Localizan los bancos de peces mediante el sonar y cazan en grupo siguiendo elaboradas estrategias. Muy gregarios, poseen una vida social riquísima y están dotados de un lenguaje muy complejo a base de silbidos con modulación de frecuencia.


ORIGEN Y EVOLUCION

Mamíferos marinos

Los primeros cetáceos son los arqueocetos, que aparecieron a principios del Eoceno, hace más de 50 millones de años. De esta época data Pakicetus, el fósil de cetáceo más antiguo conocido; fue encontrado al pie del Himalaya y su estudio demostró que todavía era un cuadrúpedo. De hecho, los arqueocetos y los ungulados actuales poseen un ancestro común: los creadontes, carnívoros primitivos terrestres. La divergencia primigenia debió producirse hace unos 65 millones de años, a fines del Cretácico.

El grupo extinguido de los arqueocetos, del que proceden todos los delfines actuales, poseía todavía muchos caracteres de los mamíferos terrestres de la época, como un cráneo típico de carnívoro primitivo. Por ejemplo, Prozeuglodon (del Eoceno superior, hace unos 40 millones de años) era claramente un cetáceo, pero algunos de sus clientes todavía eran de carnívoro. Sin embargo, los arqueocetos adquirieron las adaptaciones básicas para una vida acuática totalmente independiente del medio terrestre. Esto los distingue radicalmente de otros vertebrados “adaptados” al mar, como las tortugas marinas, que han de desovar en tierra, o las morsas y las focas, que han de reproducirse en tierra firme. Los mistecetos (ballenas) aparecieron en el Oligoceno inferior, mientras que los odontocetos (que más tarde producirían los delfines) son anteriores: surgieron en el Eoceno superior.

Adaptaciones al medio

Los odontocetos se fueron adaptando paulatinamente al medio marino. Mientras las extremidades posteriores desaparecieron por innecesarias, las anteriores (las pectorales) se transformaron en aletas, y en el extremo caudal se formó una aleta horizontal propulsora. Otra transformación fundamental fue el espiráculo, un orificio nasal que se trasladó de la parte frontal de la cabeza a la zona superior posterior. Así, los delfines pueden respirar sin sacar totalmente la cabeza del agua y sin dejar de nadar.

Para limitar la flexibilidad de cabeza y cuello –poco adecuada para un animal que alcanza alta velocidad bajo el agua-, las vértebras cervicales se redujeron y muchas se fusionaron. Asimismo, para fortalecer la potencia del impulso natatorio, la columna vertebral perdió la capacidad de giro lateral, pudiendo moverse sólo hacia arriba y abajo.

Todo eso les llevó a convertirse en el grupo más evolucionado de los mamíferos, en el sentido de que son los que más se han modificado con respecto a sus ancestros primitivos. De hecho, se han transformado tanto que, mientras todos los grupos de mamíferos, aves, reptiles y anfibios tienden a perfeccionar su adaptación a la Tierra, los delfines han conseguido “volver al medio marino", de donde proceden originariamente todos los vertebrados.

Las especies de delfines

El orden de los cetáceos contiene dos subórdenes: los odontocetos y los misticetos. En total comprende 41 géneros y 79 especies. Los misticetos incluyen las ballenas y los rorcuales. El suborden de los odontocetos contiene todos los delfines y se divide en las nueve familias siguientes (seis sí los ínidos, lipótidos y pontopóridos se incluyen en los platanístidos).


1.DELFINIDOS

Es la familia más numerosa y extendida: 17 géneros y 34 especies distribuidas por todos los océanos del mundo. Incluye numerosos delfines, pero también orcas y calderones (aunque estos últimos están considerados familia aparte por algunos autores). Las especies más conocidas de esta familia son las siguientes:

Delfín mular (Tursiops truncatus), animal de gran inteligencia es el más popular de los delfines gracias a las exhibiciones de los acuarios.

Delfín común (Delphinus delphis), muy conocido por los navegantes por su costumbre de acompañar a los barcos. Es muy gregario, pudiendo formar grupos de más de 2.000 individuos.

Delfín listado (Stenella coeruleoalba), muy afectado por la pesca indiscriminada y por la activa que todavía ejercen algunas flotas pesqueras, como la japonesa.

Delfín oceánico (Stenella frontalis), también llamado moteado atlántico, es de biología poco conocida; sólo se acerca a la costa si es muy abrupta.

Delfín gris (Grampus griseus), igualmente conocido por delfín de Risso y calderón gris. Es grande (hasta 4m) y en la cabeza destaca su prominente melón.
Calderón común (Globicephala melas), también llamado calderón de aleta larga. Resulta inconfundible por su cabeza abultada, que sobresale más allá del pequeño hocico. Es mayor que el anterior: los machos pueden superar los 7 m.

Orca (Orcinus orca), es fácil de distinguir por la longitud de su aleta dorsal: la de los machos puede llegar a medir 2 m. Éstos pueden alcanzar los 9 m de largo, por lo que, junto con el cachalote y el tiburón blanco, es uno de los mayores depredadores del planeta.


2.FOCÉNIDOS

Comprende las conocidas marsopas (seis especies), presentes en casi todos los mares del planeta. Son los cetáceos más pequeños: la marsopa vaquita (Phocoena sinus) es el menor de todos, ya que mide poco más de 1 m de longitud y no pesa más de 30 – 50 Kg.


3.PONTOPÓRIDOS

Contiene una sola especie, el delfín del Plata (Pontoporia blainvillei), que vive en el Atlántico occidental: desde Ubatuba, en Brasil, hasta la península Valdez, al sur de Argentina. De pequeño tamaño ( no llega a los 2 m), posee un hocico muy largo y estrecho. Se le captura intensamente en la costa de Uruguay, obteniendo de él aceite.


4.FISETÉRIDOS

Son los cachalotes: el común (Physeter catodon), el pigmeo (Kogia breviceps) y el enano (K. simus). El primero, el mayor odontoceto existente (los machos llegan a tener 19 m de longitud), es la mal llamada “ballena blanca” (un ejemplar albino) del capitán Akab, que aparece en la novela de Herman Melville, Moby Dick.

5.ÍNIDOS

Esta familia está formada por una sola especie, que se conoce con los nombres de inia, boto y delfín del río (Inia geoffrensis). Se encuentra en los sistemas fluviales de los ríos Amazonas, Orinoco y Madeira. En la cuenca de este último río vive la subespecie Boliviensis. Este delfín prefiere los tramos de curso lento o estancado.

6.LIPÓTIDOS

Familia uniespecífica, está representada por el delfín lacustre chino (Lipotes vexilifer), que sólo vive en la cuenca del río Yang Tse Kiang. De 2,5 m de longitud, destaca por su hocico curvado hacia arriba. A pesar de la protección secular que las autoridades chinas brindan a este delfín, es uno de los que está en peligro de extinción; en este caso, debido al desarrollo de los sistemas de riego, la captura accidental por pescadores y las colisiones con las barcas.

7.PLATANÍSTIDOS

Comprende dos especies: el delfín del Ganges (Platanista gangetica) y el del Indo (P. minor = indi). El primero se encuentra en el sistema fluvial Ganges-Brhmaputra-Meghna (en la India, Bangladesh y Nepal). El segundo sobrevive en la cuenca del Indo (Pakistán e India), pero está en claro peligro de extinción. Ambos tienen los ojos reducidos a la mínima expresión, aunque todavía son funcionales. En las turbias aguas fluviales se orientan mediante el sonar emitido a través del enorme “melón” que poseen en la parte superior de la cabeza.

8.ZÍFIDOS

Son los ballenatos hocicudos, llamados así por su largo morro protuberante. Los machos adultos de la mayoría de subespecies poseen unos dientes largos en la mandíbula inferior que sobresalen, montado sobre el labio superior. Los zífidos comprenden especies de los géneros Berardius, Hyperoodon, Mesoplodon, Tasmacetus y Ziphius.

9.MONODÓNTIDOS

Esta familia está integrada por tres especies: el delfín de Irrawaddy (Orcaella brevirostris), la beluga (Delphinapterus leucas) y el narval (Monodon monoceros). Los machos de esta última especie se pueden reconocer por el diente de la mandíbula superior, que se desarrolla extraordinariamente formando un largo colmillo retorcido en forma de helicoide.



MEDIO NATURAL

Distribución

El delfín mular, el más popular de todas las especies de delfines, se puede considerar cosmopolita, ya que ocupa todos los mares tropicales y templados del planeta, si bien no se adentra en los mares muy fríos de la región polar y subpolar, es decir, los océanos glaciales Ártico y Antártico.
En el Atlántico, ocupa el área comprendida entre las dos líneas siguientes: desde Nueva Escocia (en Canadá) hasta Noruega, y desde la Patagonia (en Argentina) hasta África. En el Pacífico, el límite septentrional está en la línea que va desde el norte de Japón hasta el sur de California, y el meridional en la que une el sur de Australia con Chile. En el Mediterráneo es frecuente, al igual que en el mar Negro. Ocupa también el Indico, desde Sudáfrica hasta Australia.

Hábitat

Existen dos formas de delfín mular: la costera y la oceánica. La primera es de mayor tamaño y la coloración algo más clara. Vive en el litoral, sublitoral, lagunas y sistemas lacustre de poca profundidad, formando poblaciones fundamentalmente sedentarias. Sólo realizan desplazamientos limitados a áreas de reproducción, aunque algunos individuos pueden recorrer largas distancias.
La forma oceánica, también llamada pelágica, se encuentra en casi cualquier parte, incluyendo zonas cuya profundidad supera los 1.000 m. Forma manadas numerosas (más de veinte individuos) y mucho más móviles, casi con un desplazamiento continuo, presentando traslados estaciónales de la plataforma continental a alta mar y viceversa.

Con los cambios de clima importantes, inherentes a la atmósfera terrestre, los delfines pueden efectuar desplazamientos masivos, apareciendo en zonas donde antes eran muy raros. Por ejemplo, en la bahía de Monterrey (California) se ha instalado una importante población de delfín mular. Los primeros llegaron en 1982-1983, coincidiendo con el fenómeno de la corriente de El Niño, que produjo un calentamiento general del agua. Se supone que los delfines llegaron simplemente siguiendo los bancos de peces, sus presas. Este suceso es una prueba más de la gran capacidad adaptativa de estos cetáceos.


Estatus y Conservación

No se conoce la población mundial de delfín mular con suficiente precisión, pero sí se sabe que es demasiado grande como para que pueda considerarse siquiera vulnerable (tampoco se conoce con exactitud la longevidad de estos delfines, pero se ha comprobado que los machos alcanzan los 40 años y las hembras los 50). No obstante, mientras la forma oceánica no parece tener problemas, la forma costera frecuenta zonas de menos de 20 m de profundidad, es decir, la parte más afectada por la actividad humana, y, como consecuencia de esto, las poblaciones del litoral europeo, América del Sur, Florida y Japón están en clara regresión. En algunos países, como Turquía y Japón, se capturan delfines para aprovechar su carne, sea para elaborar pienso, sea directamente para consumo humano. Por su característica piscívoro, algunos pueblos pescadores consideran estos cetáceos competidores suyos, por lo que los matan siempre que tienen ocasión, aunque no obtengan nada de ellos.

Otros delfines oceánicos sufren graves pérdidas a causa de la pesca de altura. Se enganchan en las redes de arrastre y, al no poder subir la superficie, mueren ahogados. Las jábegas de bolsa (redes muy largas que se recogen desde la costa) todavía son más dañinas, especialmente las que se utilizan para la captura de atunes y similares. En ellas caen millones de delfines de diversas especies, como el moteado, el de hocico y, sobre todo, el delfín común. Por ello, se han tomado algunas medidas y modificado ciertos procedimientos y artes de pesca para disminuir su mortandad.

Sin embargo, los delfines que precisan mayor protección son los de los ríos. Estos, además de sortear las redes y las embarcaciones, cada día más numerosas, han de superar la contaminación, lo que todavía es más difícil. Los dos platanístidos están en peligro de extinción, pero quizás el que tenga una población más pequeña sea el delfín lacustre chino, cuyos raros ejemplares sólo se encuentran en el río Yang Tse Kiang.


ANATOMÍA DEL DELFÍN MULAR


Un perfecto perfil hidrodinámico

El delfín mular posee notables características hidrodinámicas: su cuerpo es ancho por delante y acaba en punta, su piel es viscosa y blanda, y su aleta caudal y su musculatura corporal le otorga un gran impulso natatorio, mientras que el espiráculo le permite respirar sin sacar totalmente la cabeza del agua.

Oído

Casi indistinguible externamente, aunque muy desarrollado, sirve para comunicarse con sus congéneres y captar las vibraciones de sus presas o de sus depredadores, además de recibir las ondas de sonar que él mismo emite.

Espiráculo

Orificio nasal para respirar con rapidez asomando sólo un poco el lomo fuera del agua. Bajo la piel posee una válvula que impide la entrada de are bajo el agua; se abre al salir a la superficie, momento en que se vacían los pulmones, produciendo el típico bufido.

Ojos

Permite una visión tanto dentro como fuera del agua gracias a que el cristalino se deforma ligeramente cuando se pasa del medio acuático al aéreo, y viceversa.

Aletas pectorales

Corresponden a las patas anteriores de los demás mamíferos, que se han modificado para la natación. Su función no es propulsora, sino estabilizadora y directora, a modo de timón.

Aleta dorsal

Bastante prominente, con variaciones que permiten distinguir unos individuos de otros y curvadas hacia atrás, como la de los tiburones.

Estructura interior de la piel

En la hipodermis hay una capa de grasa que recubre todo el cuerpo y cuyo grosor oscila entre uno y varios centímetros, según el estado de nutrición y la época del año. Esta grasa tiene una doble función: preserva del frío y sirve de reserva energética en períodos de dificultad en la captura de presas. Sobre esta capa acolchada se dispone la epidermis, que posee una consistencia muy deformable.

Aleta caudal

Horizontal, como en todos los cetáceos; es un rasgo claramente distintivo respecto a los peces.
La aleta caudal presenta una hendidura central que la divide en dos lóbulos. La propulsión se logra mediante batidos dorsoventrales de la columna vertebral hacia arriba y abajo, que el delfín consigue gracias a su poderosa musculatura corporal. De este modo, puede hacer prodigiosos saltos verticales en los que todo el cuerpo sobresale fuera del agua.

Cabeza

Presenta un “melón”, muy característico de esta especie, y un hocico corto (en comparación con los delfines similares), provisto de numerosos dientes, todos muy parecidos. El delfín carece de glándulas sebáceas y sudoríparas, así como de pelaje, pero existe un residuo: una doble hilera de pelos a ambos lados del hocico. El melón de la cabeza provoca una perturbación que frenaría un poco el avance bajo el agua; para evitarlo, justo detrás de la cabeza hay una depresión (precisamente donde está el espiráculo) que corrige esta turbulencia y compensa la resistencia del agua.

Piel

Presenta un color gris oscuro, a veces parduzco, que varía según la población, el individuo considerado e incluso la hora del día, pus según como incida la luz, el efecto óptico es distinto. El color se aclara conforme se acerca a la parte ventral, que es muy pálida, blanca o incluso algo rosada. En los flancos presenta dos líneas claras, que con frecuencia son imperceptibles en el mar. La piel es muy lisa y resbaladiza, con el fin de disminuir el rozamiento y facilitar el deslizamiento en el agua. La epidermis, por su parte, es muy deformable, lo cual tiene un notable efecto hidrodinámico: a alta velocidad, un objeto duro provoca turbulencias que frenan la progresión, mientras que una superficie blanda las absorbe. Con este sistema, llamado amortiguador viscoelástico, unido al perfil hidrodinámico del cuerpo, se conserva el régimen laminar, el cual, al disminuir la resistencia del agua, permite una velocidad mucho mayor.


CICLO VITAL

Reproducción

El delfín sigue una estrategia reproductiva de tipo poligínico, es decir, que los machos compiten por las hembras. Cuando llega la época de celo, las manadas se reagrupan para facilitar el contacto con nuevas parejas. En el hemisferio norte este período suele darse en verano, y en el sur en invierno.

La parada nupcial consiste en una innumerable cantidad de giros, movimientos, saltos y proezas acrobáticas. El cortejo puede durar semanas, hasta que las hembras receptivas se acercan al macho elegido. El acoplamiento en sí apenas dura 20 segundos y siempre tiene lugar en inmersión y con el macho debajo. Durante la época de celo, cada hembra se aparea muchas veces y con distintos machos.

Tras una gestación de 12 a 13 meses, nace un único hijo, que mide alrededor de 1 m de largo y que necesita ayuda inmediata, ya que al ser más denso que el agua caería al fondo del mar como una piedra, ahogándose sin remedio. Aquí interviene una de las ventajas de la vida social: cuando una hembra va a parir, se acerca otra para ayudarla a subir a su hijo a la superficie, donde el contacto con el aire le estimulará para realizar la primera respiración. Al llenar los pulmones, su flotabilidad mejorará y, en cuanto su aleta caudal pueda impulsarle (nace con dicha aleta plegada sobre el cuerpo), empezará a nadar solo. Enseguida acudirá a tomar la leche materna para adquirir fuerzas. El pequeño se alimenta de la leche que la madre expulsa a chorro: es muy nutritiva tan densa que no se mezcla fácilmente con el agua.

El intervalo entre partos varía de 3 a 6 años, dependiendo del incremento dela población y de sus recursos tróficos. El destete no se produce hasta los 2-4 años. En este período, la mortalidad de las crías puede alcanzar el 50%, ya que no todas logran seguir a sus madres en sus agotadores recorridos para aprender las complicadas y difíciles técnicas de caza.

Comportamiento

Los delfines son animales gregarios, variando el tamaño de la manada según la población, siendo más numerosas las de alta mar. El número de ejemplares que componen el grupo depende de la edad, el sexo y el estado de reproducción. Los jóvenes suelen formar pequeñas manadas que se separan del grupo reproductor con crías. En época de apareamiento se reúnen varias manadas, formando a veces reuniones en alta mar de más de 2.000 delfines.

La cantidad de situaciones que se crean y las consiguientes necesidades comunicativas son infinitas. No hay duda de que la comunicación entre delfines es muy compleja y que no se limita a llamadas estereotipadas –como ocurre en tantos otros mamíferos-, sino que se trata de un auténtico lenguaje flexible que puede adaptarse a situaciones nuevas y describirlas o interpretarlas. Los delfines emiten varias clases de sonidos: los de tipo sonar y los de frecuencia normal audible, que son característicos de cada individuo.


LA CAZA

Condiciones excepcionales

Gracias a la ecolocación (o localización por sonar), los delfines distinguen las presas aunque estén lejos, donde la turbulencia no permita verlas o incluso si la oscuridad es absoluta o la presa se esconde bajo la arena. Además, poseen rápidos reflejos y mucha resistencia al agotamiento. La inteligencia les permite diseñar técnicas de acorralamiento y captura, adaptables a cada especie-presa y tipo de terreno, técnicas que además pueden modificar sobre la marcha. El gregarismo y la intercomunicación permiten coordinar las acciones individuales con todo el grupo y lograr una estrategia más eficaz.

Estrategias predatorias

Una de las técnicas de caza más habituales consiste en rodear un banco de peces hasta que éste forma una densa esfera, momento en que unos delfines empiezan el festín, mientras los demás mantienen el cerco hasta que llegue su turno. Otra estrategia, quizá la más curiosa, es la que tiene lugar en aguas someras. Resulta muy peligrosa, ya que en algunos puntos el agua no llegará a cubrirles el cuerpo.

Los delfines que emplean este método dominan de hidroplanear; la pauta que más frecuentemente utilizan es el siguiente:

1.- Los delfines se reagrupan para realizar un barrido de una zona litoral mediante el sonar y detectar así un grupo de presas.

2.- Una vez localizado un cardumen de peces, se acercan a gran velocidad y lo dirigen hacia la orilla.

3.- Cuando se sitúan al lado de los peces, realizan una rápida maniobra hacia arriba, generando una ola en forma de arco.

4.- Esta ola empuja a los peces hasta la misma orilla, donde los pocos centímetros de profundidad son una trampa mortal porque les impiden subir o bajar.

5.- Si aun así no consiguen la captura, los delfines vuelven a empujar con otra ola para echar a sus presas fuera del agua.

6.- El cetáceo salta fuera del agua, a veces por completo, para volver a sumergirse enseguida.

Las poblaciones que emplean esta táctica tienen los dientes de la derecha más desgastados debido a que siempre salen del agua tumbándose sobre el flanco derecho, de manera que es este sector de las mandíbulas el que tiene que masticar fango.

Enemigos

Los delfines pueden ser atacados por orcas y algunas especies de tiburones de cierto tamaño. Por supuesto, ejemplares jóvenes o enfermos son presa de otros depredadores, aunque el ataque de tiburones no es muy frecuente ya que el gregarismo y demás características de los delfines les protegen en gran medida. Se avisan de cualquier peligro, su velocidad es mayor y también pueden responder al ataque: embisten al intruso con fortísimos golpes con el morro, uno solo de los cuales puede provocar la muerte por desangramiento de un tiburón.

Un animal con sonar

Se puede decir que el delfín es un animal provisto de sonar, pues posee un sistema de ecolocación (localización por el eco) similar al de barcos y submarinos. Dicho sistema funciona del siguiente modo: un emisor lanza ondas de una frecuencia adecuada en una dirección concreta, que rebotan de manera distinta según los objetos que encuentran, y finalmente estas ondas de retorno son captadas por un receptor. En los delfines, el emisor de ondas está situado en la cavidad nasal y las ondas se amplifican en el melón, que actúa como una lente; las ondas de retorno son captadas por la mandíbula inferior y transmitidas a través de los tejidos blandos hasta la membrana timpánica. Allí se reciben las vibraciones y la red neuronal las envía al cerebro, donde son interpretadas.

Se emite siempre hacia delante en un amplísimo abanico de frecuencias: entre 250 y 220.000 Hz (ciclos por segundo). Las ondas de baja frecuencia (denominadas LF. “Low Frequency”) se producen en el melón y proporcionan datos de objetos alejados, incluso a cientos de metros. Las de alta frecuencia (HF: “High Frequency”) se emiten por el extremo del hocico y definen con gran precisión los elementos situados más cerca (a unas decenas de metros).

Las ventajas de poseer semejante sistema (con el que también cuentan los murciélagos, pero no muchos otros animales) resultan obvias en un medio con poca penetración para la luz y, sobre todo, de noche. Con las peces alejados. Con las ondas HF pueden distinguir si aquello que “ven por el sonar” es duro (una piedra) o blando (una presa), su forma y su textura, incluso si está bajo la arena, pues las ondas atraviesan muchos tipos de materiales porosos. Los delfines también pueden emitir a muy alta frecuencia directamente sobre una presa con el objetivo de aturdirla y de este modo facilita su captura.

La direccionalidad de la emisión permite al delfín saber exactamente dónde está situado cada objeto, y la interpretación del cerebro –basada en el aprendizaje y la experiencia- le configura una imagen acústica completa del entorno, como si se tratase de una fotografía. En ciertas situaciones de mar en calma los delfines no utilizan el sonar porque los chasquidos que producen las emisiones podrían alertar a la presa. Entonces prefieren permanecer totalmente inmóviles escuchando hasta que su finísimo oído les orienta: pueden oír pequeñísimos chapoteos e incluso la respiración de un pez situado a bastantes metros de distancia, pues el agua transmite los sonidos mucho mejor y más rápido que el aire.




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